En la doctrina Hermética, el gobierno del universo depende de la providencia, el destino y la necesidad. La Providencia (prónoia) es el pensamiento, voluntad y proyecto divino; el Destino (heimarménë) es la necesidad de que se cumplan todos los acontecimientos, enlazados unos con otros como los eslabones de una cadena, bajo el gobierno de los astros, mientras que la Necesidad (anánkë) es una resolución inquebrantable e inalterable de la Providencia. Por lo tanto, si una acción es concebida por la Providencia, esta es llevada a su cumplimiento por el Destino que acontece según una justa Necesidad.
Las tres Parcas, hijas de la Necesidad: Láquesis, el pasado, Cloto, el presente y Atropo, el futuro, serían la personificación mitológica de este principio. Según el mito, las Moiras son hijas de la noche, hilanderas que trabajan en la oscuridad, en un espacio anterior al tiempo, cuyo papel es tejer el telón de fondo en el que se despliega y determina la existencia concreta. Las Moiras marcan la duración del tiempo que nos está asignado y el cupo de venturas y desventuras que nos tocará, pero el modo concreto en que cada ser humano recorre su camino es fruto de sus hábitos, los que van configurando el carácter o ethos, como ya indicó Aristóteles. Este mito nos recuerda que el camino de la sabiduría comienza con la aceptación de la finitud y de la incertidumbre que afecta a nuestra existencia. Como afirmó Epicuro, «la conformidad es la mayor de todas las riquezas».
“La providencia se manifiesta en el cielo en razón de que los dioses van y vienen… La providencia prevé y el destino es la causa de la ordenación de los astros (...) Hay una ley en el cielo por encima del destino y hay un destino que acontece según una justa necesidad. La providencia sostiene el conjunto del cosmos, la necesidad lo gobierna y el destino conduce y hace circular todas las cosas”
(Extractos de Estobeo).
Según Marco Aurelio:
“O se trata de una necesidad del destino y un orden inviolable, o bien de una providencia aplacable, o bien de un caos fortuito y sin dirección; si se trata de una necesidad inviolable, ¿a qué ofreces resistencia? Y si a una providencia que acepta ser aplacada, hazte a ti mismo merecedor del socorro divino. Y si se trata de un caos sin guía, confórmate, porque en medio de un oleaje de tal índole dispones en tu interior de una inteligencia guía”
Según Apuleyo:
“La providencia es el pensamiento divino, conservadora de la prosperidad… el destino, por el cual se cumplen las concepciones y los proyectos ineluctables de Dios, es la ley divina. Por tanto, si una acción es concebida por la providencia es llevada a su cumplimiento por el destino…”